Las elecciones del próximo domingo en Grecia mantienen a Europa en una gran expectativa. La causa, más allá del habitual ruido mediático que suele acompañar a todos los comicios, es que, esta vez, el resultado es muy trascendente. ¿Qué se decide? Se decide entre otorgarle o denegarle la legitimidad democrática a la política impuesta hasta el momento de forma coercitiva desde el nucleo neoliberal europeo. Ni más ni menos. Por eso es trascendente, y no sólo para Grecia, sino para la democracia como proyecto.

Este domingo, en Grecia, no se vota a un partido: se vota si dar continuidad a un régimen o abrirse a la posibilidad de subvertirlo. Una y otra opción tienen sus riesgos, si bien los medios del establishment se esmeran en agigantar los de la opción de cambio mientras guardan un perverso silencio sobre los de la opción de continuismo.

Durante los dos últimos años, la parte más progresista del pueblo griego ha estado clamando en las calles y en el ciberespacio contra flagrantes injusticias derivadas de las políticas de austeridad y de recortes, impuestas por reducidos grupos que actúan sólo por su propio interés económico; clamando contra los procedimientos antidemocráticos por los que un grupo limitado de políticos colaboracionistas ha comprometido la soberanía y los recursos del país con la firma de onerosos Memoranda; clamando contra la arbitraria suspensión de un referéndum ya anunciado, y abortado por el temor y las presiones de la derecha neoliberal europea; clamando contra un gobierno de agentes y de títeres, impuesto al margen de las urnas para ejecutar los planes de una élite concreta; clamando un día y otro por la democracia y la justicia, ante oídos sordos, falanges policiales y cortinas de gases lacrimógenos.

Las elecciones del próximo domingo son trascendentales para Grecia y Europa, porque, por vez primera en todo este proceso, la voz sonora de la disidencia frente a esta "hoja de ruta" neoliberal y globalizadora tiene la posibilidad de transformarse en acción política por vía democrática. Y esto es muy importante, tan importante como la caída de un régimen, de ahí el desasosiego del establishment griego y europeo y su desesperada campaña de desprestigio y miedo. Los "numerarios" del bipartidismo clientelista griego saben perfectamente que serán derrotados para siempre si pierden estas elecciones, saben que se acaba el juego, y lo sabe también la detestable oligarquía beneficiaria de sus políticas de endeudamiento, privatizaciones y rescates. Y no nos engañemos: el nerviosismo que ahora recorre los despachos europeos y los consejos de administración de la gran banca tiene este mismo origen.

El gran fracaso de los comicios griegos del pasado mes de mayo fue que la resistencia frente a esta política de depredación y abusos no fue capaz de trazar a tiempo una línea de mínimos y unir sus fuerzas en un frente común para ganar las elecciones. Ahora puede hacerlo. En estos momentos, el voto pragmático para que pueda haber un cambio progresista de política, para que se depuren responsabilidades y para que se ponga freno al sistema de sometimiento a través de la deuda, lo tiene únicamente Syriza, y cuantos en Europa desean de verdad abrir la posibilidad a ese cambio deben ahora apoyar a Syriza, por encima de los lógicos recelos y de las eventuales diferencias. Para que algo cambie hay que vencer el miedo y que asumir el riesgo, y me parece abominable la actitud del KKE (Partido Comunista de Grecia), que pide expresamente en su campaña que no se vote a Syriza, prefiriendo una clara victoria del bipartidismo continuista –que les permita seguir cínicamente instalados en su sistémica oposición retórica–, al esperanzador triunfo de un partido de mayor afinidad ideológica, que les dé terreno para colaborar de forma constructiva en las tareas de gobierno.

Atención: no es el euro ni Grecia, es la Democracia lo que está en crisis; y los europeos hemos de espabilarnos de una vez, dejar de actuar como cómplices del engaño, y decidir con valentía si empezamos a luchar por valores o seguimos defendiendo intereses. Si, este domingo, los griegos que acudan a las urnas consiguen con su voto abrir en Europa la posibilidad a este cambio, este pequeño pueblo habrá realizado sin duda otra de sus aportaciones al progreso de la humanidad en su conjunto.

Artículo publicado en La Vanguardia (14/6/2012)

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