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Esta sección reúne, a manera de archivo, diversas reflexiones que, sobre la difícil situación que vive Grecia, he ido publicando en los últimos tiempos a la par de los hechos. Han surgido en Atenas, del contacto diario con la calle, con el abuso, con la mentira, con la pasividad, con la impotencia y con la injusticia. Afortunadamente, han encontrado eco en numerosos rincones del ciberespacio, han corrido de blog en blog, han llegado a los medios “oficiales” y, en ocasiones, han regresado en forma de pequeños mensajes para darme la más profunda alegría que puede recibir quien pone por escrito un pensamiento: la de saber que hay alguien, en algún lugar, que agradece leerlo. Todos esos testimonios –los que me apoyan y los que me critican– me han ayudado a comprender mejor el mundo en que vivimos. Por eso merece la pena escribir.

 



 

 

Mi agradecimiento
especial al periódico
La Nueva España ,
al sitio web
La Pasión Griega
   y a todos los que
dan alas a mi voz.

Las elecciones del próximo domingo en Grecia mantienen a Europa en una gran expectativa. La causa, más allá del habitual ruido mediático que suele acompañar a todos los comicios, es que, esta vez, el resultado es muy trascendente. ¿Qué se decide? Se decide entre otorgarle o denegarle la legitimidad democrática a la política impuesta hasta el momento de forma coercitiva desde el nucleo neoliberal europeo. Ni más ni menos. Por eso es trascendente, y no sólo para Grecia, sino para la democracia como proyecto.

Este domingo, en Grecia, no se vota a un partido: se vota si dar continuidad a un régimen o abrirse a la posibilidad de subvertirlo. Una y otra opción tienen sus riesgos, si bien los medios del establishment se esmeran en agigantar los de la opción de cambio mientras guardan un perverso silencio sobre los de la opción de continuismo.

Durante los dos últimos años, la parte más progresista del pueblo griego ha estado clamando en las calles y en el ciberespacio contra flagrantes injusticias derivadas de las políticas de austeridad y de recortes, impuestas por reducidos grupos que actúan sólo por su propio interés económico; clamando contra los procedimientos antidemocráticos por los que un grupo limitado de políticos colaboracionistas ha comprometido la soberanía y los recursos del país con la firma de onerosos Memoranda; clamando contra la arbitraria suspensión de un referéndum ya anunciado, y abortado por el temor y las presiones de la derecha neoliberal europea; clamando contra un gobierno de agentes y de títeres, impuesto al margen de las urnas para ejecutar los planes de una élite concreta; clamando un día y otro por la democracia y la justicia, ante oídos sordos, falanges policiales y cortinas de gases lacrimógenos.

Las elecciones del próximo domingo son trascendentales para Grecia y Europa, porque, por vez primera en todo este proceso, la voz sonora de la disidencia frente a esta "hoja de ruta" neoliberal y globalizadora tiene la posibilidad de transformarse en acción política por vía democrática. Y esto es muy importante, tan importante como la caída de un régimen, de ahí el desasosiego del establishment griego y europeo y su desesperada campaña de desprestigio y miedo. Los "numerarios" del bipartidismo clientelista griego saben perfectamente que serán derrotados para siempre si pierden estas elecciones, saben que se acaba el juego, y lo sabe también la detestable oligarquía beneficiaria de sus políticas de endeudamiento, privatizaciones y rescates. Y no nos engañemos: el nerviosismo que ahora recorre los despachos europeos y los consejos de administración de la gran banca tiene este mismo origen.

El gran fracaso de los comicios griegos del pasado mes de mayo fue que la resistencia frente a esta política de depredación y abusos no fue capaz de trazar a tiempo una línea de mínimos y unir sus fuerzas en un frente común para ganar las elecciones. Ahora puede hacerlo. En estos momentos, el voto pragmático para que pueda haber un cambio progresista de política, para que se depuren responsabilidades y para que se ponga freno al sistema de sometimiento a través de la deuda, lo tiene únicamente Syriza, y cuantos en Europa desean de verdad abrir la posibilidad a ese cambio deben ahora apoyar a Syriza, por encima de los lógicos recelos y de las eventuales diferencias. Para que algo cambie hay que vencer el miedo y que asumir el riesgo, y me parece abominable la actitud del KKE (Partido Comunista de Grecia), que pide expresamente en su campaña que no se vote a Syriza, prefiriendo una clara victoria del bipartidismo continuista –que les permita seguir cínicamente instalados en su sistémica oposición retórica–, al esperanzador triunfo de un partido de mayor afinidad ideológica, que les dé terreno para colaborar de forma constructiva en las tareas de gobierno.

Atención: no es el euro ni Grecia, es la Democracia lo que está en crisis; y los europeos hemos de espabilarnos de una vez, dejar de actuar como cómplices del engaño, y decidir con valentía si empezamos a luchar por valores o seguimos defendiendo intereses. Si, este domingo, los griegos que acudan a las urnas consiguen con su voto abrir en Europa la posibilidad a este cambio, este pequeño pueblo habrá realizado sin duda otra de sus aportaciones al progreso de la humanidad en su conjunto.

Artículo publicado en La Vanguardia (14/6/2012)

Si, dentro de unos meses, la moneda única y la Unión Europea comienzan a venirse abajo, habrá que "agradecérselo" a Merkel, Sarkozy, Barroso, Draghi, Strauss-Khan, Lagarde y a sus respectivos círculos de influencia. Ellos no son los únicos, claro está, pero en estos momentos son los más visibles.

Ahí donde "Europa unida" era, desde su nacimiento, un sueño frágil e inspirador de múltiples recelos, estos personajes han conseguido en los últimos tiempos minar por completo su "credibilidad" (por usar un término resemantizado por la tecnocracia financiera neoliberal). Y lo han conseguido a base de convertir dudosos postulados económicos en incuestionables dogmas políticos. Bien es verdad que han tenido a su favor una "escuela de pensamiento económico único" con pocos disidentes, unas élites económicas nacionales contentas y beneficiadas de esa situación, una clase política cómplice y partícipe durante demasiado tiempo, unos medios de comunicación muy fieles a la voz de su amo y una ciudadanía dormida en los laureles de un aparente confort.

¿Y ahora qué? En diez años de vida, la moneda única europea ha generado concentración de capital en los países del nucleo duro y deuda en los de la periferia. Ahora, para poder mantenerse en "Europa" o para que "Europa" pueda mantenerse, dicen que hay que rescatar la economía virtual de las finanzas con la economía real de la producción; o peor aún, que hay que pagar la deuda de la especulación financiera y los desmanes de la prolongada connivencia entre la élite económica y la clase política con las conquistas del estado social y de la democracia. Dicen que hay que seguir confiando en el FMI, pese a los más que controvertidos resultados de sus intervenciones en 120 países y a la evidencia de los intereses que de facto representa. Dicen que hay que perseverar en la "lógica" de que el Banco Central Europeo preste dinero a la banca privada a muy bajo interés para que ésta financie al Estado a un interés muchísimo más alto. Dicen que hay que rescatar y recapitalizar a esa banca privada con el dinero de los contribuyentes, al tiempo que a éstos se les suben los impuestos y se les recortan los sueldos, las prestaciones, los derechos y las condiciones laborales en nombre de supuestos "planes de austeridad". Y se atreven a decir, incluso, que hay que elevar a norma constitucional el pago preferente a los acreedores por encima de cualquier prioridad de la ciudadanía o del Estado. Éstas son las recetas para "solucionar la crisis" y para sobrevivir en el caos que ellos mismos han creado. El cinismo es tan enorme que los máximos exponentes de la pleonexía van ahora de apóstoles de la austeridad.

En todo este desastre, una cosa ha quedado bien clara: que Europa no ha conseguido aún ser un proyecto democrático, progresista y solidario. Aunque no lo parezca, ya no tiene sentido seguir perdiendo tiempo hablando cada día de la deuda, de la austeridad y de los rescates. Lo que Europa necesita de verdad es un cambio, un cambio profundo que la convierta de una vez en un proyecto político y social en beneficio de todos y que la aparte de este "master plan" para grandes superficies comerciales que guía últimamente sus pasos, de estas recetas neoliberales que podrán ser válidas para crear negocios lucrativos pero que no valen para organizar sociedades. Europa necesita urgentemente un cambio de signo si quiere sobrevivir a lo que se le viene encima. Las segundas elecciones de Grecia, la amenaza a la continuidad del euro y lo que está bullendo ya en los países a los que los cerdos llaman PIGS, no deja lugar a dudas y advierte de que queda poco tiempo, tal vez menos de lo que parece. Y basta ya de bravatas insensatas en boca de falsos salvadores. Esta gente que nos vende "miedo a salir del club" está dinamitando Europa.

Artículo publicado en La Vanguardia (31/5/2012)

Pedro Olalla AEGINA

Entrevista de Pedro Olalla con Victoria Trapali, de Aegina News, con motivo de la jornada "Filohelenismo: ayer y hoy" (20/5/2012)

http://www.aeginanews.gr/featured/8196/

Photo: Dim Vlaikos

salvados

"España, ¿al filo del rescate?" Jordi Évole entrevista a Pedro Olalla en Atenas para su programa "Salvados" (La Sexta) (Emitido el 20/5/2012)

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