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Esta sección reúne, a manera de archivo, diversas reflexiones que, sobre la difícil situación que vive Grecia, he ido publicando en los últimos tiempos a la par de los hechos. Han surgido en Atenas, del contacto diario con la calle, con el abuso, con la mentira, con la pasividad, con la impotencia y con la injusticia. Afortunadamente, han encontrado eco en numerosos rincones del ciberespacio, han corrido de blog en blog, han llegado a los medios “oficiales” y, en ocasiones, han regresado en forma de pequeños mensajes para darme la más profunda alegría que puede recibir quien pone por escrito un pensamiento: la de saber que hay alguien, en algún lugar, que agradece leerlo. Todos esos testimonios –los que me apoyan y los que me critican– me han ayudado a comprender mejor el mundo en que vivimos. Por eso merece la pena escribir.

 



 

 

Mi agradecimiento
especial al periódico
La Nueva España ,
al sitio web
La Pasión Griega
   y a todos los que
dan alas a mi voz.

En los casi tres años de "crisis" y "rescates" en Grecia, las únicas "medidas" que han conseguido realmente su "objetivo" son las encaminadas desde el primer momento a abaratar el mercado de trabajo, a desmantelar los servicios públicos, a hacer retroceder las conquistas sociales, a debilitar las estructuras democráticas y a favorecer el trasvase de los bienes comunes a manos privadas. No es ironía, es la triste realidad: es la evidencia de que todas las acciones de quienes hoy gestionan esta "crisis" no van encaminadas a ponerle fin sino a sacar de ella el máximo provecho en beneficio propio.
El resultado está siendo el expolio incesante e impune de un pueblo y un país en nombre de una controvertida "deuda": en lo laboral –rebajando salarios y derechos y haciendo galopar el paro y la precariedad–, se ha conseguido ya que el "mercado" esté lleno de gente dispuesta a hacer cualquier cosa por un bocadillo; los servicios públicos –dinamitados premeditadamente por el clientelismo político y por una administración irresponsable– corren ahora a manos de corporaciones privadas ávidas de hacerse con su prometedora gestión; la pérdida de conquistas sociales arroja cotidianamente imágenes de despedidos sin derecho al subsidio, de jubilados hurgando en la basura, de hospitales sin gasas, de farmacias sin medicamentos y de desesperados quitándose la vida; la Democracia ha presenciado miles de movilizaciones en su nombre sofocadas con armas químicas y abultados dispositivos de represión antidisturbios, ha conocido un presidente de gobierno impuesto por los acreedores, está representada por diputados que no se atreven a circular entre los ciudadanos, y asiste cada día a un parlamento donde los "compromisos internacionales" marcan la pauta de gobierno por encima y en contra de los derechos y las necesidades del pueblo y faltando a los principios constitucionales; y, por último, el trasvase de bienes comunes a manos privadas sigue implacablemente su curso, orquestado desde el "Fondo Helénico de Desarrollo de Activos", una sociedad anónima de derecho privado regida por tecnócratas del ámbito financiero y empresarial y encargada de ejecutar el mayor programa de privatizaciones que actualmente se realiza en el mundo.
Como telón de fondo, un informe titulado "Cretan Gas Fields – Α new perspective for Greece's hydrocarbon resources", elaborado por reconocidos expertos para el banco de inversión Pytheas, presenta evidencias científicas que apuntan a la existencia de enormes yacimientos de hidrocarbonos en aguas del sur de Creta. Según Petroleum Geo-Services, compañía noruega líder en la investigación de mercados petrolíferos, la cuenca del sur de Creta "es equivalente" a la llamada "Cuenca Levantina", la cual, de acuerdo con los datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), contiene al menos 3,45 billones de m3 de gas natural y 1.700 millones de barriles de crudo. Sobre el tema de estas prometedoras reservas energéticas en territorio europeo pesa un discreto silencio, aunque, a finales del pasado mes de noviembre, el Deutsche Bank evaluaba la posibilidad de que las deudas de Grecia fueran cubiertas con los beneficios de las futuras extracciones.
¿A quién irá a parar esta riqueza? ¿Podrá un país vendido a sus acreedores mantenerla como su patrimonio? ¿No está siendo la deuda un arma de conquista y de sometimiento más poderosa que la propia guerra? A veces, una lectura de los hechos puede ser tan perfectamente coherente como perfectamente falsa. Ésta, de momento, parece coherente: ojalá los hechos lleguen a demostrar que es falsa.

Artículo publicado en el periódico "La Vanguardia" (21/12/2012)

El necesario despertar del sur de Europa

"Las condiciones que hoy se imponen a Grecia son mil veces más duras que las que se impusieron a la Alemania nazi". Entrevista con la periodista Teresa Yusta en el programa "Hágase la luz" (1/12/2012)

Pulse AQUÍ para escuchar la entrevista

 

 

 

 

 

Radio Esukadi

Ayer por la noche, mientras más de cien mil personas nos manifestábamos bajo la lluvia y los gases lacrimógenos frente al Parlamento griego en contra del "nuevo paquete de medidas", el pleno parlamentario matenía el debate para su aprobación mediante procedimiento de urgencia. Si exceptuamos las acciones de un pequeño grupo de agitadores –fuertemente abucheados por la gran masa de manifestantes y "homenajeados" por las cadenas de televisión–, la protesta fue declaradamente pacífica. Fuera del Parlamento ardieron algunos contenedores de basura; pero dentro, ardieron, como vienen ardiendo en los últimos años, derechos, prestaciones, ahorros, bienes públicos y esperanzas vitales de los griegos.
Cerca de la medianoche, tras la votación nominal de los trescientos diputados, se procedió al recuento de los votos: 153 a favor, 128 en contra, 18 "presentes" y una ausencia. El "Marco de Estrategia Financiera a Medio Plazo" quedó aprobado. Acto seguido, mediante sendas notas manuscritas de Evangelos Venizelos y Antonis Samarás, se comunicó al presidente del Congreso que los diputados del PASOK y Nueva Democracia que, en el último momento, no habían votado a favor quedaban expulsados de sus respectivos grupos parlamentarios.
Toda una lección de democracia. Ni la nefasta marcha del país en los últimos años, ni el empobrecimiento progresivo de la sociedad griega, ni las más de cien mil empresas que han dado el cerrojazo, ni los miles de movilizaciones de protesta llevadas a cabo por los ciudadanos, ni el probado fracaso de las recetas aplicadas, ni las fundadas advertencias sobre su insconstitucionalidad, ni los coherentes argumentos presentados por voces discrepantes, ni las evidentes "fisuras" que empiezan a registrarse entre los más declarados defensores de la teología neoliberal, ni siquiera la honradez de cada diputado frente a su propia conciencia, pueden justificar ante este gobierno la "deslealtad al partido". PASOK y Nueva Democracia –eternos rivales del tradicional bipartidismo– votan SÍ como un solo hombre y expulsan a los disidentes. La infidelidad a las promesas y a los electores siempre es excusable; lo que es sagrado es la fidelidad a los amos. Y así lo han demostrado.
Por su parte, Izquierda Democrática, el tercer componente de este gobierno al servicio de intereses privados, ha jugado también con especial patetismo su papel de bueno en la farsa. Fingiendo con nula credibilidad durante las "negociaciones" con la Troika su postura de defensor de los trabajadores y de paladín del bien común, a la hora de votar no dijo ni que SÍ ni que NO: salvos dos honrosas excepciones, los dieciocho diputados restantes se limitaron a gemir "presente". No importa; Dante, que visitó el Infierno, nos dijo que a la entrada hay un sitio especial reservado a los medrosos y los tibios. "No hablemos de ellos: míralos y pasa".
Así pues, por la mitad más tres de los votos, quedó aprobada la nueva fase del "rescate". El plan para 2013 prevé nuevas "medidas de recorte" por importe de 13.500 millones de euros, cesación de 25.000 funcionarios más, mayor relajación de la legislación laboral, copago sanitario, nueva reducción de pensiones, incremento del índice de paro y aumento de la recesión. Del agresivo plan de privatización de bienes nacionales –que ya incluye hasta el agua–, el gobierno esperaba obtener 50.000 millones: ahora, se conforma con sacar 10.000, y repartidos a lo largo de los próximos cuatro años. Es decir, vendemos el país y el Estado a precio de ganga para obtener 2.500 millones al año; y entretanto, del préstamo de los 36.000 que vienen con el "nuevo paquete", 26.000 se irán directamente a "capitalizar la banca", sin pedirle siquiera garantías de que esos fondos se destinarán al crédito. Y suma y sigue.
La democracia sigue debilitándose, la política del establishment es tan sólo un negocio privado, y, tras la deplorable votación de ayer, Grecia da un paso más hacia una sociedad en ruinas a merced de sus acreedores.

Artículo publicado en el periódico La Vanguardia (8/11/12)

Aunque los gastos en educación no son en absoluto la causa de la "crisis", los recortes en educación sí son, inexorablemente, su más inmediata consecuencia. ¿Cómo se justifica esto? De ningún modo que pueda resultar aceptable. En el caso de Grecia, el presupuesto anual de educación no llega siquiera para pagar los intereses de un cuatrimestre de la supuesta "deuda". Esto indica dos cosas; una: que, aunque se suprimiera por completo el presupuesto de educación, poco podría hacerse frente al pago; y dos: que el origen de esa abultada "deuda" no podrá nunca ser atribuido a los excesos en el presupuesto de educación. Sin embargo –tanto en Grecia como en España–, si hay que recortar, se recorta por educación; y si se recorta por educación, se empieza siempre por las humanidades.
Descartada la rentabilidad económica de esta medida, sólo queda pensar en la rentabilidad estratégica. Esa sí que está clara. En el actual plan de privatización de la riqueza nacional, de desmantelamiento del estado social y de debilitamiento progresivo del proyecto de la democracia, la educación de calidad sobra por completo. Basta con unos rudimentos de índole instrumental que permitan guardar las apariencias. Toda educación orientada al desarrollo integral de la persona y al potenciamiento de sus cualidades discursivas y críticas va en contra de los intereses dominantes. Por eso, sobra educación, y sobran especialmente las humanidades.
Así pues, ante esta situación de desatino, hace falta de nuevo salir en defensa de lo obvio, insistir una vez más en la necesidad profunda de las humanidades. Podrían aportarse numerosas razones para defender la presencia de estos conocimientos y esta actitud en el mundo, pero referiré tan sólo una que considero suficiente para que queden excusadas todas las demás. El cultivo de la actitud humanista es fundamental en toda sociedad, porque de esa actitud emana la ética; y sin ética, no hay conquistas ni progreso: sólo abuso, sólo caos. El ejercicio de la ética –que no tiene que ver con la acatación sumisa de un código moral establecido– nos faculta para elegir consciente y responsablemente entre un comportamiento y otro, es decir, nos faculta para la libertad. Sin ética no hay libertad posible; ni tampoco esperemos democracia, ni justicia, ni política, ni solidaridad. Nada de eso es posible sin las humanidades, sin una formación que dé profundidad y perspectiva a la voluntad humana, sin un adiestramiento en la argumentación y en el discurso, sin artes para defender el pensamiento.
Quien recorta lo sabe. ¿Qué es lo primero que se apresura a cercenar cualquier régimen totalitario?: la libertad de pensamiento y de expresión. ¿Cuáles son, en verdad, las intenciones de un sistema que abogue por dejar de cultivar esta actitud y esta potencia en los niños y en los hombres? ¿Sobre qué humanidad desea gobernar un sistema que tienda a limitar progresivamente ese espacio humanista? Renunciando a las humanidades dejamos vía libre a la ley del más fuerte, a que los más poderosos y menos escrupulosos manden sobre una masa ignara e impotente. Y esa perspectiva no carece de adeptos.
Día a día, en nombre de la "crisis", retroceden la historia, la filosofía, la filología, las artes, la formación de la ciudadanía, y prospera un desprecio y una desafección particular por la cultura clásica, por el latín y el griego, las dos lenguas que, desde hace milenios, aportan sin fatiga la materia prima de nuestro pensamiento. Así pues, tengamos una cosa clara: los recortes en educación no son para economizar recursos, sino para atajar la disidencia.

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