Archivo

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Esta sección reúne, a manera de archivo, diversas reflexiones que, sobre la difícil situación que vive Grecia, he ido publicando en los últimos tiempos a la par de los hechos. Han surgido en Atenas, del contacto diario con la calle, con el abuso, con la mentira, con la pasividad, con la impotencia y con la injusticia. Afortunadamente, han encontrado eco en numerosos rincones del ciberespacio, han corrido de blog en blog, han llegado a los medios “oficiales” y, en ocasiones, han regresado en forma de pequeños mensajes para darme la más profunda alegría que puede recibir quien pone por escrito un pensamiento: la de saber que hay alguien, en algún lugar, que agradece leerlo. Todos esos testimonios –los que me apoyan y los que me critican– me han ayudado a comprender mejor el mundo en que vivimos. Por eso merece la pena escribir.

 



 

 

Mi agradecimiento
especial al periódico
La Nueva España ,
al sitio web
La Pasión Griega
   y a todos los que
dan alas a mi voz.

Como ya se sabe, el gobierno griego emitió el pasado sábado un decreto de movilización forzosa del profesorado (Y281/11.5.2013 ΦΕΚ 1139Β) para impedir que la Federación de Funcionarios de Enseñanza Media (OLME) llegase a convocar una huelga en época de examenes de acceso a la universidad y que los profesores llegasen a ejercer su derecho constitucional de secundarla.
Lo que quizás no sepan aún es que, desde ayer, agentes de la policía visitan los domicilios particulares de los docentes para entregarles en mano el requerimiento por el que, desde el mediodía del 15 de mayo y hasta nuevo aviso, se les obliga a prestar sus servicios con normalidad en su puesto de trabajo, bajo pena de prisión de al menos tres meses si se niegan a hacerlo o a dar por recibido el aviso.
Así de expedito. Así de democrático. El gobierno envía a la policía a casa de los ciudadanos para intimidarles y para disuadirles de ejercer su derecho a la huelga. Y no es que el gobierno dé mucha importancia a las huelgas, porque las varias generales y las más de tres mil movilizaciones que ha habido en los últimos tres años no han conseguido apartar ni un ápice la política gubernamental de la hoja de ruta señalada por la Troika. Las huelgas no le importan nada; sólo en el caso de que una circunstancia eventual –como la coincidencia con los exámenes de selectividad– pueda potenciar sensiblemente su efecto: entonces se prohiben por decreto y se envía a domicilio a la policía.
La razón que se esgrime, claro está, es la del interés común. Pero al pueblo corresponde valorar con firmeza y con responsabilidad si son los eventuales docentes huelguistas o es la política gubernamental de los últimos tiempos lo que amenaza realmente este sólido principio.

Artículo publicado en "La Vanguardia" (17/5/2013)

Pedro Olalla Radio Esukadi

Radio Esukadi

Entrevista en Radio Euskadi (11/5/2013)
Programa "Hágase la luz", dirigido por Teresa Yusta

Pulse aquí para escuchar la entrevista

Últimamente, por el espeso silencio de los informativos europeos sobre la situación de la sociedad griega, se filtran de vez en cuando noticias alarmantes sobre familias sin electricidad y sin petróleo, hospitales sin medios ni medicamentos, colas ingentes en las cocinas de beneficencia, proselitismo nazista a cambio de alimento, violencia policial y ataques furibundos a los emigrantes. Desgraciadamente, todo esto es verdad, aunque a veces se cuente con sensacionalismo.
También es cierto que miles de personas duermen cada noche en las calles, que han cerrado más de cien mil empresas, que muchísima gente trabaja sin cobrar con la ilusión perversa de mantener su puesto un poco más, que se privatizan a precio de saldo recursos naturales y bienes comunes, que la soberanía nacional está pisoteada y que todo lo dicho sigue siendo negado y ocultado con el mayor cinismo.
Pero, al margen de esto, sólo hace falta un dato para tomar conciencia suficiente de la tragedia: en los últimos cuatro años, más de 2.500 personas se han quitado la vida. Que se sepa; porque muchas familias lo ocultan por cuestiones de fe, por dolor, por vergüenza. Desde que empezó la "crisis" hasta hoy, más de una persona se ha suicidado cada día. No han sido sólo el farmacéutico Dimitris Christoulas o el maestro Savvas Metikidis. Han sido cientos y cientos más, con nombres y apellidos, día tras día. Y hoy también habrá alguien que, privado de sentido y de esperanza, cogerá la escopeta, o la soga, o abrirá la ventana. Y mañana también, aunque no nos lo cuenten las noticias. Sólo esto, sólo esto debería bastar para demostrar y condenar el abominable fracaso.

Artículo publicado en La Vanguardia (1/5/2013)

Hace ya casi un año, escribí un artículo de contenido histórico sobre "Las deudas de Alemania" por el que recibí numerosos insultos y descalificaciones anónimas. Hoy, el informe sobre las indemnizaciones de guerra que Alemania adeuda a Grecia presentado por un grupo de expertos ante el gobierno heleno –y las noticias al respecto aparecidas en la prensa internacional– han hecho que el tema cobre de nuevo actualidad.
No hace falta volver a repetir lo dicho sobre las indemnizaciones por haber matado, saqueado y obligado al país a conceder un préstamo forzoso para el mantenimiento de las tropas de ocupación, pero la expectativa suscitada a partir de este informe aún "secreto" brinda sin embargo una ocasión propicia para comparar las condiciones que los aliados impusieron entonces a la Alemania derrotada con las que los "acreedores" extranjeros –orquestados por la Alemania actual– imponen hoy a una Grecia extenuada que aún se pregunta con asombro qué guerra ha provocado y ha perdido.
La situación de Grecia hoy no tiene parangón con la de la Alemania perdedora de la segunda guerra mundial. Entonces, los acreedores fueron indulgentes con la nación alemana, y eso que se trataba de indemnizaciones de guerra y no de una deuda derivada fundamentalmente de la especulación financiera y de la corrupción. El principio que en aquel momento orientaba la política de los acreedores era el de la viabilidad del pago; hoy la actitud es diametralmente opuesta, ¡y eso que estamos en el seno de la Unión Europea!
Entonces, Alemania debía pagar el grueso de su deuda en su moneda nacional, que podía acuñar a discreción; hoy, Grecia debe hacerlo en una moneda que no puede controlar. Entonces, los aliados aceptaron la reducción de sus exportaciones a Alemania para favorecer la producción interna de ésta y para estimular al mismo tiempo sus exportaciones; hoy, Grecia acomete el mayor plan de privatizaciones del mundo en beneficio de los acreedores, tiene prohibido subvencionar o proteger sus productos locales y está obligada por Alemania y Francia a no recortar el gasto militar que destina a comprar armamento a estos países. Entonces, el acuerdo suscrito contemplaba la posibilidad de suspender los pagos y de renegociar las condiciones, con competencia de los propios tribunales alemanes, si se presentaba un cambio sustancial que limitara la disponibilidad de recursos; hoy todos los «compromisos» que Grecia ha ido firmando hasta el momento han sido sucesivos pasos para garantizar los intereses de los acreedores, sin tener en cuenta los recursos e incluso por delante de las necesidades de la población, y adoptando medidas como la creación de una «cuenta cerrada» para el bloqueo del 63% de los ingresos del Estado con vistas a la atención preferente del pago de la deuda, como el proyecto de elevación de tal obligación deudora a norma constitucional, o como la vinculación de los acuerdos a «derechos de conveniencia para el acreedor» como el británico y el luxemburgués. Y por si todo esto fuera poco, basta recordar que entonces se estableció que Alemania no destinara al pago de sus deudas más de un 5% de sus ingresos por exportaciones, mientras que hoy, para Grecia, no se han fijado límites, y, siendo realistas, para sufragar esa supuesta deuda tendría que destinar a su amortización el 40% del PIB.
Que alguien responda a esta pregunta: ¿Qué guerra ha provocado y ha perdido el pueblo griego para que sus "representantes" firmen y sancionen una rendición de estas características ante esa camarilla de extorsionadores que aún sigue enarbolando la bandera de Europa?

Artículo publicado en La Vanguardia (31/5/2013)

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