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Esta sección reúne, a manera de archivo, diversas reflexiones que, sobre la difícil situación que vive Grecia, he ido publicando en los últimos tiempos a la par de los hechos. Han surgido en Atenas, del contacto diario con la calle, con el abuso, con la mentira, con la pasividad, con la impotencia y con la injusticia. Afortunadamente, han encontrado eco en numerosos rincones del ciberespacio, han corrido de blog en blog, han llegado a los medios “oficiales” y, en ocasiones, han regresado en forma de pequeños mensajes para darme la más profunda alegría que puede recibir quien pone por escrito un pensamiento: la de saber que hay alguien, en algún lugar, que agradece leerlo. Todos esos testimonios –los que me apoyan y los que me critican– me han ayudado a comprender mejor el mundo en que vivimos. Por eso merece la pena escribir.

 



 

 

Mi agradecimiento
especial al periódico
La Nueva España ,
al sitio web
La Pasión Griega
   y a todos los que
dan alas a mi voz.

Acabo de volver de la sede central de la ERT, donde centenares de trabajadores permanecen encerrados desde el martes en actitud de resistencia y emitiendo "clandestinamente" a través de Internet y vía satélite. Todos sabemos que la radiotelevisión pública griega no estaba libre de pecado, pero su cierre autoritario y sorpresivo por parte del primer ministro Samarás la ha convertido de repente en un pálido símbolo de libertad de expresión y democracia: algo que, deontológicamente, todo medio público debería ser, aunque muchos lo hayan comprendido tarde.
La noticia del cierre de la ERT ha hecho saltar de nuevo a Grecia a las portadas de los informativos internacionales, que no pueden creer que un país europeo vea cerrados, de la noche a la mañana, sus servicios públicos de información. Pero lo cierto es que éste no es un hecho aislado, sino un paso más de los que, cotidianamente, da el gobierno griego en la misma línea con autoritarismo, opacidad, procedimientos de emergencia, falta de democracia e incluso inconstitucionalidad, atendiendo al dictado de quienes, desde hace años, gobiernan de facto este país: sus acreedores y la Troika.
En el caso del cierre de la ERT, como en el de tantos otros abusos cometidos hasta hoy, la argumentación del gobierno es retórica vana, en el mejor de los casos, y descarada hipocresía, en el más frecuente. Todo lo que hoy pueda decirse en detrimento de la ERT tiene como más directos responsables a los dos partidos que han estado gobernando durante los últimos cuarenta años y que siempre han procurado hacer de ella un órgano al servicio de sus intereses. ¿Quién la politizó?: los dos grandes partidos. ¿Quién la utilizó para el clientelismo y el nepotismo?: los dos grandes partidos. ¿Quién toleró la corrupción y el despilfarro?: los dos grandes partidos. ¿Quién debería haber investigado y no lo hizo?: los dos grandes partidos. Lo sabe muy bien el propio portavoz del gobierno, Simos Kedikoglou, directivo de la ERT, becado con fondos de la misma para realizar estudios en la CNN, hijo de ministro del PASOK, primo de diputado, diputado él mismo del otro gran partido, y viceministro del actual gobierno de Samarás. Hace apenas un año, siendo responsable de asuntos de televisión estatal, el señor Kedikoglou se rasgaba las vestiduras ante el plan de saneamiento de la ERT presentado entonces por el gobierno de Papadimos, y caracterizaba la propuesta de cierre de la misma entidad que hoy ha cerrado él como "vilipendio de bienes públicos en beneficio de intereses privados y extranjeros". Véanlo en este vídeo de recuerdo y traten de explicarse por qué ha cambiado de opinión.
Nueva Democracia y PASOK han sido durante décadas los responsables directos de la ERT, y ahora son los mismos partidos –y las mismas personas– quienes se erigen en salvadores esgrimiendo argumentos morales y aplicando por procedimientos expeditos las recetas dictadas por los monopolios del poder y del dinero. ¿Hay acaso alguna garantía de que la nueva sociedad anónima con la que el gobierno se propone reemplazar a la radiotelevisión pública (cediéndole valiosas infraestructuras y equipamiento de última tecnología, y manteniendo su financiación a través de un impuesto específico) será más resistente a grupos de presión y servirá mejor al interés común y a la libertad de expresión en el contexto democrático? ¿Alguien puede creerlo de verdad?
Si este desafuero que ha asombrado a la prensa mundial esta semana no sirve como catalizador definitivo para hacer caer a este gobierno y detener su largo plan de expolio y extorsión, pronto sucederá lo mismo con los hospitales, las escuelas, los parques naturales, las semillas... como está sucediendo con el agua, la electricidad, las carreteras, los puertos y los recursos minerales.
Los trabajadores encerrados estos días en el emblemático Radio Megaron de la ERT tienen la sensación de encontrarse de pronto sorprendidos en las trincheras de la democracia, pero se sienten solos, sin apoyo masivo de dentro y fuera del país, y tentados por el murmullo aciago del "sálvese quien pueda". Y muy pronto, si no hacemos un gran frente común, nadie estará a salvo.

Como ya se sabe, el gobierno griego emitió el pasado sábado un decreto de movilización forzosa del profesorado (Y281/11.5.2013 ΦΕΚ 1139Β) para impedir que la Federación de Funcionarios de Enseñanza Media (OLME) llegase a convocar una huelga en época de examenes de acceso a la universidad y que los profesores llegasen a ejercer su derecho constitucional de secundarla.
Lo que quizás no sepan aún es que, desde ayer, agentes de la policía visitan los domicilios particulares de los docentes para entregarles en mano el requerimiento por el que, desde el mediodía del 15 de mayo y hasta nuevo aviso, se les obliga a prestar sus servicios con normalidad en su puesto de trabajo, bajo pena de prisión de al menos tres meses si se niegan a hacerlo o a dar por recibido el aviso.
Así de expedito. Así de democrático. El gobierno envía a la policía a casa de los ciudadanos para intimidarles y para disuadirles de ejercer su derecho a la huelga. Y no es que el gobierno dé mucha importancia a las huelgas, porque las varias generales y las más de tres mil movilizaciones que ha habido en los últimos tres años no han conseguido apartar ni un ápice la política gubernamental de la hoja de ruta señalada por la Troika. Las huelgas no le importan nada; sólo en el caso de que una circunstancia eventual –como la coincidencia con los exámenes de selectividad– pueda potenciar sensiblemente su efecto: entonces se prohiben por decreto y se envía a domicilio a la policía.
La razón que se esgrime, claro está, es la del interés común. Pero al pueblo corresponde valorar con firmeza y con responsabilidad si son los eventuales docentes huelguistas o es la política gubernamental de los últimos tiempos lo que amenaza realmente este sólido principio.

Artículo publicado en "La Vanguardia" (17/5/2013)

Pedro Olalla Radio Esukadi

Radio Esukadi

Entrevista en Radio Euskadi (11/5/2013)
Programa "Hágase la luz", dirigido por Teresa Yusta

Pulse aquí para escuchar la entrevista

Últimamente, por el espeso silencio de los informativos europeos sobre la situación de la sociedad griega, se filtran de vez en cuando noticias alarmantes sobre familias sin electricidad y sin petróleo, hospitales sin medios ni medicamentos, colas ingentes en las cocinas de beneficencia, proselitismo nazista a cambio de alimento, violencia policial y ataques furibundos a los emigrantes. Desgraciadamente, todo esto es verdad, aunque a veces se cuente con sensacionalismo.
También es cierto que miles de personas duermen cada noche en las calles, que han cerrado más de cien mil empresas, que muchísima gente trabaja sin cobrar con la ilusión perversa de mantener su puesto un poco más, que se privatizan a precio de saldo recursos naturales y bienes comunes, que la soberanía nacional está pisoteada y que todo lo dicho sigue siendo negado y ocultado con el mayor cinismo.
Pero, al margen de esto, sólo hace falta un dato para tomar conciencia suficiente de la tragedia: en los últimos cuatro años, más de 2.500 personas se han quitado la vida. Que se sepa; porque muchas familias lo ocultan por cuestiones de fe, por dolor, por vergüenza. Desde que empezó la "crisis" hasta hoy, más de una persona se ha suicidado cada día. No han sido sólo el farmacéutico Dimitris Christoulas o el maestro Savvas Metikidis. Han sido cientos y cientos más, con nombres y apellidos, día tras día. Y hoy también habrá alguien que, privado de sentido y de esperanza, cogerá la escopeta, o la soga, o abrirá la ventana. Y mañana también, aunque no nos lo cuenten las noticias. Sólo esto, sólo esto debería bastar para demostrar y condenar el abominable fracaso.

Artículo publicado en La Vanguardia (1/5/2013)

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