Como era de esperar, el otoño caliente de Grecia sigue suscitando la expectación general. El interés de los distintos medios en informar del tema llena el aire continuas noticias, testimonios y análisis, que, de forma espontánea, alimentan tanto la falacia como la verdad. Mientras tanto, los datos importantes permanecen a menudo ocultos, deliberadamente ocultos, ajenos a la consideración de quienes vociferan argumentos superficiales o se enzarzan en rebatir o condenar “la merecida suerte” de los griegos.

Por ejemplo, ¿saben ustedes qué reza el artículo 14.5 del Contrato de Préstamo que el gobierno de Georgios Papandreou firmó el 8 de mayo de 2010 con el FMI y los acreedores europeos? Es algo, un pequeño detalle, que al menos todo ciudadano de Europa, por su seguridad y su dignidad, debería conocer. Dice textualmente así: “Por el presente contrato, el prestatario [Grecia] renuncia irrevocablemente y sin condiciones a toda inmunidad que tenga o pudiera obtener en lo referente a sí mismo y a sus bienes”. Les dejo unos minutos para que lo mediten.

 

El hígado y las córneas tienen, sin duda alguna, un valor en el mercado de órganos para transplantes. ¿Pero puede un banco privarle de su hígado o sus corneas si usted, por circunstancias de la vida, no es capaz de atender al pago de un préstamo a su nombre? No, no puede, porque el derecho ha establecido un límite al interés de los acreedores para salvaguardar la dignidad y la vida humana.

Ese límite es, precisamente, el que se han saltado en su propio interés las partes contratantes del préstamo que ahora destruye a Grecia. De acuerdo al derecho internacional, la soberanía de los Estados impide que los bienes públicos sean embargados; la supresión de este derecho de soberanía sólo sería posible si el Estado renunciara expresamente a ellos, y esto es lo que ha hecho a espaldas de la ciudadanía el gobierno de Papandreou al firmar el Contrato de Préstamo del 8 de mayo de 2010, sin pasarlo siquiera por la aprobación del Parlamento.

Antes de contratar este “plan de rescate” con el FMI y nuestros “socios” europeos, Grecia le debía dinero a entidades privadas que habían invertido en bonos del Estado; ahora, tras los nuevos paquetes y el “efecto conversor” del plan de rescate, la especulación privada se ha convertido en deuda pública y los acreedores ya no son meras entidades financieras, sino que son también Estados y el Fondo Monetario Internacional. Dicho de otro modo: antes Grecia le debía dinero a su abuelita y ahora se lo debe a Al Capone.

El artículo 14.5 abre de par en par las puertas al nuevo colonialismo financiero, al proceso global de desmantelamiento del estado de derecho, de usurpación de la soberanía y de sometimiento a través de la deuda. Ahora, los acreedores –que han exigido entre otras cosas que el nuevo memorándum se rija por el derecho británico, el más favorable a sus intereses– pueden ganar juicios ante tribunales europeos, alemanes o ingleses y venir despues a Grecia a embargar recursos minerales, lingotes de oro, infraestructuras públicas o zonas del territorio nacional. Además, como todo banco tiene derecho a convertir en títulos sus préstamos, nada impide que parte de esa deuda pueda ser vendida a terceros: nada impide que, si Alemania se cansa de negociar, se la traspase –por ejemplo– a Turquía, convirtiéndola en privilegiada acreedora de Grecia, con via libre para resarcirse del impago.

El 8 de mayo de 2010, el gobierno de Grecia firma un contrato de préstamo renunciando irrevocablemente y sin condiciones al derecho del país a su inmunidad por razones de soberanía nacional. Y no nos lo dice, ni antes ni después. Lo que viene desde entonces hasta hoy, no es sino la ejecución de un plan para sacar partido a esta nueva y prometedora circunstancia, a este pequeño detalle. Téngalo en cuenta cuando vuelvan a hablar de la crisis.

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